14 sept. 2008

Las aldabas de Cáceres y su artesanía musulmana

Una llamada al pasado
Foto : Alonso Corrales lleva años realizando estudios sobre estilos, formas y significado de las aldabas medievales que pueblan la Ciudad Monumental de Cáceres
14/09/2008 Hoy Digital,Emmanuel Ramiro
Es uno de los legados de nuestro pasado medieval marcado por la multiculturalidad y las ansias de reconquista que hoy nos contempla sin apenas hacer ruido, arrinconado y olvidado por el progreso tecnológico. Ahora, los encargados de hacer ruido son otros: timbres, telefonillos, porteros automáticos. Pero las aldabas, esos utensilios que los árabes colgaban en la entrada de sus casas como paso previo para abrir las puertas de su hogar, siguen ahí esperando que alguien las meza para no morir en el recuerdo o vivir simplemente como ornamento.
Origen árabe :Aldaba es la forma castellanizada procedente del árabe antiguo que hoy en día ya está en desuso. Su origen no deja de ser peculiar, ya que esta palabra se origina de la confluencia de otras dos que unidas significan lagarto. Tal y como cuenta Corrales, «el significado proviene de su forma originaria». En castellano, sin embargo, los típicos llamadores o los populares picaportes han sido los nombres elegidos para designar a este vetusto utensilio.De las cerca de 150 aldabas que Corrales ha contabilizado por todo Cáceres, él se decanta por las más históricas: «aquellas que tienen más de dos siglos de existencia son las más impresionantes». Ahora fotografía puerta por puerta en busca del origen histórico, del estilo o simplemente atraído por las formas singulares de llamadores y picaportes de allá por donde va. Cuenta que las cabezas de animales o los tradicionales puños son los más repetidos, entre las que destaca la cabeza de león en las casas más señoriales.«Tener buenas aldabas»Y es que tal y como reza el refrán, las familias que tenían buenas aldabas gozaban de una posición económica boyante. «Estos llamadores daban importancia a la ciudad y enriquecían las casas», comenta Corrales. En los siglos XIV y XV los había bañados en oro, con talles de plata, con incrustaciones de piedras preciosas o repujados. En nuestros días, las aldabas de hierro o de chapa envejecida son las más habituales. En Cáceres, la Plaza Mayor, la Casa Moraga en la Plaza Santa María, el Palacio de la Isla o el Palacio Episcopal, cuya aldaba adorna la puerta con el escudo del Obispo, son algunos de los lugares que mejor conservan estas reliquias del pasado. Sin embargo, la realidad es que este tipo de utensilios no han tenido la atención necesaria. Muchas aldabas se han perdido con el paso del tiempo, arrancadas tras las restauraciones de las casas u olvidadas ante el desconocimiento de su valor histórico. «Si recorres la parte antigua, en teoría, en todas las casas, palacios e iglesias debería haber un llamador como mínimo», afirma y añade: «es entonces cuando te das cuentas de que muchos han desaparecido». La ciudad monumental de Cáceres es un catálogo de aldabas. «En el recinto medieval es donde más hay y donde más faltan».Pero el desconocimiento va más allá. No existe documentación o estudios que hablen sobre esta tradición. Un elemento tan útil antaño como olvidado hoy por el que este cacereño ha recorrido la región en busca de más ejemplos y escritos. «En Extremadura existía una gran tradición, y todavía se conservan en sitios como Guadalupe, Trujillo o Plasencia, pero en un número menor», afirma. Ahora, confía en que este viaje en el túnel del tiempo sirva para llamar a las puertas de un estudio mayor que nos descubra ese Cáceres insólito que día a día nos contempla.

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