2 ago. 2011

El Ramadán llama a reafirmar la fe a los 17.000 musulmanes de la región

PLASENCIA.02.08.11 - PILAR ARMERO Hoy.es


Musulmanes de Plasencia orando en la mezquita que la comunidad musulmana tiene en esta ciudad :: A. SOLÉ


No podrán comer, beber o mantener relaciones sexuales desde el alba hasta que se esconda el sol, durante todo agosto
«No es lo mismo pasar el Ramadán en diciembre que en agosto, pero la fe nos ayuda a superar todas las dificultades, incluso la de no poder beber»

La mujer de Mohamed Taktak, el responsable de la comunidad musulmana de Plasencia, no va a poder seguir el Ramadán. Ha dado a luz hace tan solo unos días y tiene que comer para poder alimentar a su bebé, cuenta su esposo, que insiste en destacar que por cosas como esta «el Islam es flexible».

El mismo empeño en reiterar esa elasticidad, pone Adel Najjar, imán de Badajoz y responsable de los musulmanes que viven en Extremadura, cuando apunta que la religión que siguen 17.000 residentes en la comunidad autónoma «no impone carga alguna a quien no la pueda llevar». O sea, que los preceptos de este mes de ayuno no tienen por qué secundarlos ni ancianos, ni menores, ni enfermos, viajeros, embarazadas y demás mujeres cuando tengan la menstruación.
«A nuestros hijos pequeños les enseñamos todo lo que este mes significa, pero no tienen por qué seguirlo hasta que estén preparados física y mentalmente para ello. Algunos, por ejemplo, empiezan por secundarlo hasta el mediodía», apunta Najjar.

Quienes no se encuentren afectados por ninguno de esos supuestos, sin embargo, sí tendrán que pasar por el aro del ayuno, que establece que no se puede llevar absolutamente nada a la boca desde el alba hasta que el sol se vaya. Ni agua, siquiera, durante los 30 días de un estival Ramadán, que comenzó ayer y culminará el 30 de agosto.
Tendrán que abstenerse, también, de mantener contacto sexual en esas horas que van, aproximadamente, desde las seis menos cuarto de la madrugada hasta las diez menos cuarto de la noche y que irán cambiando, de minuto en minuto, en estas cuatro semanas a medida que el sol salga y se ponga.

Ruptura del ayuno
Dieciséis largas horas, en cualquier caso, a las que se pone punto y final en cada jornada con una cena habitualmente copiosa, que permita cargar toda la energía que se ha ido perdiendo a lo largo del día. Dátiles, dulces y una consistente sopa llamada Harida, cocinada con tomate, legumbres y carne, no suelen faltar en ese menú con el que se rompe el ayuno.
Un momento muy especial, el del fin de la abstinencia gastronómica temporal, que además del tiempo para comer, marca el del encuentro con familiares y amigos con los que en muchas ocasiones se elige disfrutar. Es el caso de la comunidad de Plasencia, un centenar de musulmanes, que se reúnen en la mezquita del barrio de San Miguel para compartir viandas.
«Lo hacemos, sobre todo, porque hay gente que vive sola o que trabaja y no tiene tiempo de preparar la comida, o que no tiene recursos... Invitamos a todos los que estén en esa situación a unirse a nosotros», apunta Mohamed Taktak.

El ayuno es el precepto que más cambia la vida de la comunidad musulmana. El ritmo de rezos, sin embargo, no se ve tan alterado, porque no incluye más que una oración final, el Tarawih, a los otros cinco momentos de oración del día. Tiene lugar una hora y media después de la ruptura del ayuno, en torno a las once y media de la noche, cuenta Najjar, que asegura que la fe que tienen es lo que les ayudará a cumplir con sus obligaciones.

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