2 ago. 2011

Los preceptos religiosos no obligan a variar el ritmo de la vida diaria

02.08.11 - P. A. G. PLASENCIA. Hoy.es mezquita de Badajoz


Lo de no poder comer ni tener relaciones sexuales durante horas a lo largo de todo un mes es lo que, a priori, llama más la atención de las obligaciones del Ramadán. Al menos, cuando se mira desde fuera.

Los que lo siguen desde dentro aseguran, sin embargo, que no es tan duro como parece, porque la fe les ayuda a superar las dificultades.
«El Ramadán es mucho más que ayuno», apunta Adel Najjar. «Es tiempo de reflexión y de encuentro, que nos fortalece física y espiritualmente», asegura.

Cuenta también que la vida de los musulmanes no se va a ver alterada en este tiempo, al menos en un Estado no musulmán, en el que no hay posibilidad de modificar la rutina del día a día para adaptarla a los imperativos religiosos.
«Si trabajas en un bazar o en cualquier otra empresa, si eres médico... no tienes que variar tu ritmo porque sea Ramadán. El Islam siempre deja una puerta abierta para facilitar la vida al musulmán».



Este mes de especial dedicación a todo lo que la fe islámica comporta, es uno de los principales pilares de la religión, pero no el único. Los otros son reconocer que Alá es el Dios único y Mahoma su profeta; la oración diaria; repartir el 2'5 por ciento de las ganancias entre los más necesitados y peregrinar, al menos una vez en la vida, a La Meca.



Preceptos que llevan siempre consigo los musulmanes asentados en Extremadura, una región en la que conviven alrededor de 17.000 hermanos en esta fe, la mayoría asentados en el norte de Cáceres, entre las comarcas de La Vera y Campo Arañuelo, con la localidad de Talayuela como referente.

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